|
QUIENES SON
JERARQUIAS
Primera
Segunda
Tercera
FUNCIONES
COMO CONTACAR
Testimonios
Ayudas
LA IGLESIA DICE
LA CIENCIA DICE
ARTE Y ANGELES
IMAGENES
TIENDA
MISCELANEA
El sexo de los ángeles
El lenguaje de los ángeles
El perfume de los ángeles
Detalles curiosos
ENLACES
BIBLIOGRAFIA
|
TESTIMONIOS
Demoras
en el tráfico
Comenzaré
relatando esta historia porque es la que me inspiró, de alguna
manera, aunque tengo mis serias dudas de que haya sido pura "inspiración"...
después de todo, todos escuchamos esa voz interior que nos
sugiere tomar determinadas decisiones.
En
definitiva, esta es la historia que me abrió los ojos.
Me hallaba en el vehículo utilitario en el que me transportan
todos los días a la planta petroquímica donde trabajo
y uno de mis compañeros comenzó a relatar una anécdota
que le había ocurrido días atrás. Alejandro,
de unos 40 años, es jefe de turno en la planta y un hombre
serio y respetado por sus compañeros. Cuenta que salió
de su casa en su automóvil nuevo con destino a la casa de un
pariente. Llevaba mucha prisa; sin embargo, las cosas parecían
no favorecerle aquel día. La camioneta que iba delante suyo
parecía no importarle cuanta urgencia llevara Aejandro, a pesar
de sus insistidores bocinazos. Simplemente no le daba el paso. "Era
como que alguien me retuviera de los cabellos para que no avanzara"
- comentó, turbado, mi compañero. ¡El conductor
de la camioneta parecía no haberlo visto siquiera!
Finalmente, el vehículo que estorbaba desvió su rumbo.
Decidió, pues, acelerar la marcha para recuperar el tiempo
perdido. Pero, repentinamente, un camión salido de la nada,
se interpuso como un bólido delante suyo. Apenas le dió
tiempo para frenar. Alejandro sacó la cabeza para cantarle
las cuarenta al imprudente conductor... fue en ese instante cuando
comprendió que el inmenso carromato carecía de este
importante "componente". Unos sorprendidos hombres salieron
tras el desbocado vehículo, que se estrelló estrepitosamente
del otro lado de la calle.
¿Qué habría sucedido si me hubiese adelantado
algunos segundos en mi viaje? - se preguntaba Alejandro - Probablemente,
ahora mi familia y yo estaríamos muertos... -fue su lacónica
y, estoy seguro, acertada respuesta.
Y yo me pregunto, ¿Quién lo retuvo para que no fuera
embestido por aquel camión? Creo que acertaron
El
extraño niño con "peliposas" en la espalda
Decidí
incluir esta pequeña anécdota a última hora,
pues formaba parte de otro libro que estoy por publicar. Pero, como
tiene estrecha relación con lo que nos hemos propuesto contar,
aquí la tienen.
Hace algunos años, cuando mi hijita mayor sólo contaba
con dos años y algunos meses de vida, un tierno suceso nos
conmovió.
Mi
esposa quitó las prendas del lavarropas y, lentamente, cargando
un vientre de siete meses de embarazo y el fuentón repleto,
se encaminó hacia el jardín del fondo, seguida de cerca
por nuestra hijita. Pacientemente se puso a tender en la soga. La
niña, que estaba en el otro extremo del patio, vino hacia su
madre para contarle, con toda la naturalidad del mundo:
- "Mami ¿Sabés? Allá - señalando
una esquina del patio - en la pared hay un señor con un nene
que tiene una "peliposa" en la espalda que dice que me va
a cuidar..."
(Traducción: "Peliposa", en el idioma de mi hijita
es "mariposa", por ende, lo que vio es un niño con
alitas en la espalda)
Deseo aclarar que en casa no tenemos imágenes de ángeles
ni nada por el estilo y que nuestra hija no conocía hasta ese
momento lo que era un "ángel". Mi esposa y yo quisimos
sacarle más información del incidente. Pudimos averiguar
que el "ángel" tenía un vestidito blanco largo
y por comparaciones con las edades de conocidos, tenía el aspecto
de un chico de 12 a 14 años, un adolescente. En cuanto al señor
que lo acompañaba, también lo cubría una especie
de túnica, era alto y barbado. Este último fue el único
que habló con mi hija, el chico simplemente se limitó
a sonreír, mostrando una hermosa dentadura... Al parecer estaba
allí para presentar formalmente a su protector.
Si conversó con ellos o si sucedió algo más,
lo ignoro. En vano es querer sacarle más de lo que te cuenta
un niño... y tal vez sea mejor así, sabemos que ellos
conservan la inocencia y por ello están más cerca de
su Creador que nosotros, sus mayores. Ahora, mis dos hijas saben de
sus ángeles de la guarda, de hecho hablan con ellos todas las
noches, antes de ir a dormir. Mi mujer contribuyó con la oración
que ella misma recitaba cuando niña, quizá Uds. la conozcan,
dice así, con las modificaciones finales del caso.
El
perfume de mi ángel
Claudia
perdió a su madre hace unos años, víctima de
cáncer. Al margen de creer que ella la protege y aconseja permanentemente,
debido a ciertas experiencias que quizá luego incluya aquí,
también está convencida de la existencia de su ángel
guardián.
Cierta
ocasión, estaba reunida con un grupo de gente que practicaba
meditación. El coordinador de este sugirió a sus alumnos
se concentrasen en su guía espiritual y le preguntaran su nombre
"porque todos los ángeles tienen un nombre", me dijo.
Claudia no pudo, sin embargo, hallar la respuesta a este interrogante
durante la clase. Terminó la sesión un tanto frustrada.
Pero, un intenso y exquisito perfume la embargó.
-
¡Qué rico perfume! - exclamó en voz alta, dirigiéndose
a sus compañeros - ¿Pueden sentirlo?
El
coordinador y el resto de sus discípulos no percibieron ningún
aroma. Ella pensó:
-¡Qué
extraño, yo lo huelo en todo el recinto!
Concluída
la clase, salió a la calle. ¡Cual sería su sorpresa
al seguir percibiendo aquella delicada fragancia! Abordó el
autobús que la llevaría a su casa y... ¡el perfume
la seguía adonde quiera que iba! Allí fue cuando se
percató de la importancia de aquella experiencia. Una voz dentro
suyo le dijo: "Así es, este es el perfume de tu ángel...
es mi perfume".
Este
especial ser quería demostrarle a su protegida que nunca se
hallaría sola, que Dios, a través de sus "soldados",
estaría a su lado, en las buenas y en las malas
.
Un ángel con visión de futuro
"Tendría
4 ó 5 años y estaba frente a mi casa apoyado en la cerca
viendo pasar un cortejo fúnebre, cuando de pronto noto que
desde dentro del ataúd emanaba la figura de una persona que
yo asociaba que sería la del muerto; se quedó un instante
mirándome, me saludó y luego desapareció (no
recuerdo si vi alas o no). Le mencioné este hecho a mis padres
y hermanos y no le dieron importancia, suponiendo que todo era producto
de mi fantasía infantil. Desde entonces tuve conciencia de
que cerca mío había algo o alguien; yo aprovechaba esta
sensación para hablarle y consultar cosas que siempre eran
respondidas de una u otra forma y así, entre todos los hechos
diferentes que me sucedían, hubo uno puntual y concreto que
me ayudó a entender de qué se trataba todo."
"Cierta vez que me encontraba jugando con una pelota de plástico
con mi hermana mayor, una fuerza extraña e invisible se deslizó
desde atrás por sobre mi hombro (como un golpe de puño)
e hizo volar la pelota que se encontraba en el aire a punto de que
mis manos pudieran agarrarla. Nos quedos inmóviles, entre sorprendidos
y confundidos, por lo que acabábamos de presenciar. Luego,
al no encontrar explicación alguna, nos ganó el miedo
y corrimos a contarle a mi madre, quien nos mandó a rezar y
todo quedó allí, hasta la noche, cuando de impriviso
, no sé por qué, abrí los ojos y entre dormido
y despiero vi parado a mis pies la misma persona que cuando niño,
con un par de alas resplandecientes que me observaba, y, sin hablar
me contó que tuvo que desviar la pelota porque, de haberla
agarrado, me hubiera caído y lastimado un ojo con el pedazo
de vidrio que se encontraba en el pasto. Al levantarme, lo primero
que hice fue corroborar si realmente estaba el
pedazo de vidrio y, efectivamente, descubrí que de la tierra
sobresalía una punta filosa producto de un pico de botella
rota enterrada en el lugar."
"No se trataba de un simple sueño. Hasta pronto. JUAN
B. "
Como
podemos apreciar, con un relato simple y agradable, Juan nos recuerda
que no estamos solos en este mundo y que obviamente existen "seres
invisibles" que nos protejen de eventuales peligros.
Ya
que estamos en el tema, les relataré brevemente un hecho ocurrido
hace muchos años y que en su momento no entendí. Juan
vino a refrescarme la memoria.
Cursaba
la secundaria y, por aquellos años tenía un íntimo
amigo llamado Jorge. Él poseía ciertas "dotes"
que muchos no comprendían y que yo aceptaba "casi"
naturalmente. Creo que muy poca gente sabía que él veía
a seres que los demás mortales no percibíamos.
A
veces lo acompañaba a casa de su novia, porque creo que en
el fondo, quería que enamorase a la hermana de su amor, de
unos 16 o 17 años, misma edad que yo tenía entonces.
Una noche muy oscura, llegábamos caminando hasta la puerta
de su casa y, mientras aguardábamos a que nos abrieran, volvimos
la vista hacia la calle, de lodo y piedras, bastante tétrica,
por cierto. En ese instante, una destartalada camioneta con pocas
luces acertaba pasar por allí.
Jorge
apagó un desgarrador grito, tapándose la boca y sus
ojos saltones se clavaron en la caja de carga del vehículo,
mientras se alejaba tosiendo como auto antiguo.
-
¿Qué sucede? - le pregunté alarmado.
-
¡Acaso no lo viste! ¡ No... no viste eso...! - tartamudeó,
mientras señalaba con sus manos.
-
¿Qué se supone que debiera haber visto...?
-
¡Es horrible...! - dijo, restregándose los ojos - Un
niño colgaba detrás de la camioneta... y lo arrastraba,
desgarrándolo... Pero el conductor no escuchaba sus gritos
de dolor... ¿los oíste...?
Me
quedé mudo, tratando de explicarle a mi amigo que en realidad
no había nadie colgando del carromato... que todo había
sido una "visión".
¡Qué
ciego fui! ¡Jorge había presenciado un hecho "paranormal",
un solapamiento dimensional! Quizá el alma del pequeño
había querido mostrarle sus últimos espeluznantes minutos
de vida... Lo que sí les aseguro es que este hecho permaneció
dando vueltas en mi mente por mucho tiempo, para tratar de darle una
explicación "racional"... pero, ¡de nada sirve
penetrar en los insondables territorios del Creador...!
Nancy
levita
Nancy
es una esbelta y dinámica mujer de 55 años (edad que
no representa), profesora de danzas clásicas y que ejerce en
la Escuela de Danzas de Buenos Aires. Reside en el conocido barrio
de Almagro, es viuda, con un hijo de 28 años, y ahora se dedica
a bailar tango, ya que además es instructora de este particular
baile, típicamente rioplatense. Lamentablemente, ahora no puede
practicar ballet ni danza moderna contemporánea como ella desearía,
por un problema en sus meniscos y una rótula.
Los dejo con su relato:
"Un
día tormentoso de lluvia y viento de un crudo invierno, muy
frío y oscuro, caminaba rumbo a mi trabajo. Siendo las 06:30
de la mañana, cuando llego a la boca del subterráneo,
línea "A", observo que éste no funcionaba
porque estaba inundado. Decepcionada, fui a tomar un colectivo. Tuve
que caminar por algunas calles muy rotas y oscuras, el paraguas daba
vueltas por el gran viento que se embolsaba. No poseo buena vista
sin mis anteojos, además, por los problemas que tengo en una
pierna, me sentía angustiada y muy nerviosa. Entonces, invoqué
a mi madre, que no hacía mucho que había fallecido,
y sollozando, le rogué me ayudara para seguir mi camino sin
tropiezos y, en ese instante sentí que me levantaban por detrás
y, casi sin sentir mi peso, me desplacé hasta la parada del
colectivo. Este suceso me impactó mucho y nunca lo olvidaré,
pero ahora pienso que me ayudó mi ángel de la guarda."
¿Y…?
¿Qué me dicen…? ¡Después de todo,
no soy el único que sentí aquella dulce presencia!
¡Gracias, queridos lectores!
|